
CHAU ZONA FRÍA: EL SENADO RECORTÓ EL ALIVIO EN SANTA CRUZ
El recinto semivacío del jueves 24 de septiembre no fue un detalle estético. Fue el retrato de una ley que cambia la factura de millones de hogares y, en el sur, se disfraza de continuidad geográfica. Santa Cruz sigue adentro del mapa. El descuento, no.
Qué se votó, sin el relato de nadie
La Cámara alta convirtió en ley la reforma del Régimen de Zona Fría por 38 votos a favor y 8 en contra. Unión por la Patria se retiró antes del debate. El trámite duró poco más de una hora. El proyecto ya tenía media sanción de Diputados desde mayo.
La letra chica no es un tecnicismo. Hasta ahora, el 30% o el 50% se aplicaba sobre casi toda la factura. Con la nueva norma, el beneficio queda clavado solo en el precio del gas en el PIST. Transporte, distribución e impuestos se pagan llenos. En una provincia donde el invierno obliga a prender la calefacción de día y de noche, esa parte “de afuera” es, precisamente, la que más pesa.
Quedarse en zona fría ya no es pagar lo mismo.
Cómo se partió cada bloque
La Libertad Avanza llevó el núcleo de los votos. El PRO acompañó. Aliados del Norte Grande y bloques provinciales cerraron el número, en el marco de un acuerdo con gobernadores que incluye compensaciones eléctricas para zonas cálidas.
La UCR se partió: una parte bancó; seis senadores radicales integraron el rechazo.
Unión por la Patria no votó. Se levantó, dio conferencia y dejó el recinto. En Santa Cruz, ese gesto se lee junto al de Alicia Kirchner y su espacio: no hubo pelea en el tablero. Hubo ausencia.
Los únicos votos negativos patagónicos fueron los de José María Carambia y Natalia Gadano (Movere Santa Cruz). Carambia llegó a mostrar una boleta: un vecino que pagó $315.000 puede irse a $500.000. Pidió cuarto intermedio para hacer caer la sesión. No alcanzó.
En Chubut pasó lo contrario. Edith Terenzi (Despierta Chubut) y Andrea Cristina (PRO) votaron a favor. Terenzi cruzó a Gadano y defendió “focalizar”. El justicialista Carlos Linares no estaba. Neuquén acompañó en bloque. Río Negro aportó el voto libertario y el peronismo local figuró ausente.
La Patagonia no votó como región. Se entregó por partes.
Cómo pega en el bolsillo, provincia por provincia
Las estimaciones de consultoras y del propio debate no coinciden al decimal, pero el sentido es el mismo.
En la zona histórica el aumento no es un tarifazo de 100%, pero tampoco es “cero impacto”, como intentaron vender algunos voceros:
• Santa Cruz: entre 28% y 40%, según consumo y categoría. Con invierno largo, el techo deja de ser un titular.
• Chubut: en el orden del 36%.
• Neuquén: cerca del 29%.
• Tierra del Fuego: alrededor del 23%.
• La Pampa: hasta 43% en algunos escenarios.
Quienes salen del régimen automático —unas 90 ciudades de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, San Luis y otras incorporadas en 2021— pueden ver subas del 43% al 100% si no entran al SEF (ingresos de hasta tres Canastas Básicas Totales, unos $4,4 a $4,7 millones para un hogar tipo). ReNaBaP, veteranos de Malvinas y CUD conservan una vía de amparo.
Energía estimó $15.000 extra por mes en zonas templadas que pierden el beneficio. En el sur la base ya era otra: Santa Cruz y Tierra del Fuego figuran entre las boletas de gas más caras del país, con o sin subsidio. El mes que viene, cuando se impriman los nuevos cuadros, el debate se termina.
El gas se produce acá. El flete hasta la Patagonia ya no se subsidia como antes. Esa es la trampa del “sigue la zona fría”.
La ciudadanía: el frío no espera el Boletín Oficial
En Río Gallegos, Río Turbio, Caleta, Pico Truncado o 28 de Noviembre la discusión no es ideológica. Es si la familia apaga un ambiente o recorta comida. El régimen nació en 2002 porque el clima del sur no es un privilegio: es una condición de supervivencia. Ampliarlo en 2021 a zonas templadas diluyó el criterio. Recortarlo ahora sin una excepción polar —la que pidieron Carambia y Gadano para Santa Cruz y Tierra del Fuego— deja a quienes más consumen pagando el ajuste sobre la parte de la factura que el Congreso decidió no tocar.
No hay clase media “protegida” por código postal. Hay usuarios residenciales que ya destinan una porción brutal del ingreso al gas y van a destinar más. El SEF puede contener a los de menores ingresos. No contiene al docente, al empleado estatal, al comerciante o al jubilado que supera el umbral y vive donde en julio la casa se apaga si se apaga la caldera.
La apatía, el otro subsidio que se cortó solo
El dato político más duro no está en el Diario de Sesiones. Está en la calle. Santa Cruz se enoja un rato y después se calla. No hay corte masivo, no hay columna hasta la Casa de Gobierno, no hay agenda única de intendentes. La bronca circula en grupos de WhatsApp y se diluye en la costumbre de pagar.
Esa apatía no es natural. Se construye cuando la representación se parte —dos senadores en contra, el resto ausente o funcional—, cuando Chubut negocia y Santa Cruz denuncia, cuando el peronismo provincial elige el retiro antes que el voto. El ciudadano lee el mensaje: la pelea no está. Y si la pelea no está, la boleta sí.
Qué importancia le dieron los medios
La sesión sí ocupó el centro de la política nacional el jueves. TN, Clarín, La Nación, Perfil, Ámbito, Página/12 y portales del interior armaron vivos, minuto a minuto y recuento de votos. El YouTube del Senado superó las 69 mil vistas. Clarín transmitió más de siete horas. El tema, sin embargo, casi nunca viajó solo: viajó atado a la reforma del Banco Central, el otro trofeo de la jornada.
Ahí está el sesgo. En Buenos Aires el titular privilegió “victoria oficialista”, “focalización” y el mapa de municipios bonaerenses que pierden el beneficio —Mar del Plata, Bahía Blanca, la Costa—. En el sur, cuando hubo cobertura propia, el eje fue otro: el descuento ya no cubre transporte ni distribución. Los dos recortes son ciertos. No pesan igual.
Los medios que celebran “ordenar subsidios” y los que denuncian “tarifazo” hablan de la misma ley y de dos países. Santa Cruz quedó en el segundo, con el sello del primero. La sesión fue importante en el Congreso y en las redacciones de la Capital. En la cocina de acá, la importancia se va a medir en octubre, cuando llegue la factura.