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LA NUCA NO MIENTE: VIDAL TOCA, GRASSO CALLA

Análisis del saludo en San Julián con kinesia, proxémica y actos de habla: la mano en la nuca, las manos en los bolsillos y el “andá a verme que no muerdo”.

LA NUCA NO MIENTE: VIDAL TOCA, GRASSO CALLA

Análisis del saludo en San Julián con kinesia, proxémica y actos de habla: la mano en la nuca, las manos en los bolsillos y el “andá a verme que no muerdo”.

La nuca no miente

Columna de opinión. Un saludo de 12 segundos leído con las herramientas de la comunicación no verbal.

Por Facundo Paredes

El 17 de septiembre, en el 125° aniversario de Puerto San Julián, Claudio Vidal y Pablo Grasso se cruzaron después de más de dos años sin una foto juntos. El clip ya es material político. El gobernador pone la mano en la nuca del intendente, hay abrazo, sonrisa y una frase al oído: “Andá a verme que no muerdo.” Grasso devuelve el saludo y se despega. En periodismo suele decirse que “una imagen vale más que mil palabras”. En comunicación humana es al revés: el cuerpo confirma, corrige o desmiente lo que la boca acaba de decir.

El corte que explica el gesto

El último choque público fuerte fue el 25 de mayo de 2024, cuando a Grasso no lo dejaron subir al palco del acto patrio en Río Gallegos. Se retiró. Acusó a Vidal de creerse “dueño del Estado”. El gobierno lo acusó de violentar el acto. Desde entonces, el intendente repitió que el gobernador atiende a todos menos a él. Hubo un cruce protocolar en San Julián. Después, silencio institucional. Río Gallegos quedó, en la percepción de mucha gente, del otro lado de la vereda.

Por eso esta postal no es un saludo de fiesta. Es la primera escena de poder cara a cara en más de dos años. Y por eso conviene leerla con método, no solo con bronca.

Cómo se lee un saludo: el código, no la ocurrencia

La comunicación no verbal no es adivinación. Es un sistema de signos. Ray Birdwhistell llamó kinesia al estudio de los movimientos del cuerpo como lenguaje. Edward T. Hall describió la proxémica: el uso del espacio como mensaje de poder, intimidad o rechazo. Erving Goffman habló de face-work: el trabajo de “salvar la cara” cuando dos roles chocan en público. Paul Ekman mostró que la sonrisa puede ser sentida o social: un músculo que se activa para no romper el encuadre.

Albert Mehrabian —muchas veces citado mal— no dijo que “el 93% de la comunicación es no verbal”. Dijo algo más preciso y más útil acá: cuando hay contradicción entre lo que se dice y cómo se dice, la gente cree más el tono y el cuerpo que la frase. En San Julián hay coincidencia, no contradicción. Eso refuerza el mensaje.

Tres códigos importan en este clip:

1.  Tacto. Quién inicia el contacto, dónde toca y cuánto dura.

2.  Espacio. Quién entra al territorio del otro y quién se retira.

3.  Congruencia. Si la frase y el gesto van juntos o se pelean.

La nuca no es un punto neutro. En etología y en psicología social del dominio, la zona cervical es vulnerable. Quien la toma —aunque sea un segundo, aunque sonría— define jerarquía. No es un abrazo de pares. Es un abrazo con firma.

Vidal: quien toca, cita y se cierra

En el video, Vidal se acerca y cierra. La mano en la nuca define el ritmo. Quien toma esa zona decide cuándo empieza y cuándo termina el contacto. Después guarda las manos en los bolsillos. En kinesia, las manos ocultas no son solo frío patagónico: son cierre de emisión. Ya mandó el mensaje. No necesita seguir gesticulando.

Lo verbal refuerza lo no verbal. “Cómo estás… todo bien… qué bueno” es el barniz ritual. “Andá a verme que no muerdo” es el acto de habla. En pragmática, John Austin y John Searle llamaron acto ilocutivo a lo que una frase hace, no solo a lo que dice. Acá la frase no informa: cita. El territorio es su oficina, no una mesa en el municipio.

El “no muerdo” es un marcador de amenaza desactivada. Nadie aclara que no muerde si no sabe que el otro lo vive como riesgo. Es la lógica del poder blando: sonreír mientras se recuerda quién tiene la puerta.

Lectura corta: Vidal exhibió dominio afiliativo. Tocó, sonrió y dejó la pelota del otro lado, con cámaras prendidas. Goffman lo llamaría una escena de status: el de arriba invita; el de abajo decide si entra.

Grasso: el protocolo que no firma la paz

Grasso no rechaza el abrazo. Tampoco lo disputa. No pone la mano en la nuca de Vidal. No alarga el contacto. No responde la invitación en el mismo plano. Sonríe lo justo, retribuye el saludo y se corre. TiempoSur lo registró: devolvió el abrazo sin esperar el llamado.

En términos de Hall, Grasso acepta un instante de distancia íntima —el abrazo— y vuelve enseguida a la distancia social. Ese repliegue es un mensaje. En política se llama “no dar pie”. En psicología de la negociación se llama no comprometer el siguiente movimiento en público.

La sonrisa del intendente se parece más a la sonrisa social de Ekman que a una sonrisa de alivio. Cumple la función de no romper el acto. Negar el saludo frente a celulares sería otra pelea. Aceptar en voz alta la oficina sería entrar de rodillas. Entonces hace lo que hace un opositor acorralado en escena: cumple el rito y no firma el pacto.

El cuerpo de Grasso queda más abierto, más expuesto. El de Vidal, más cerrado después del gesto. Uno habla y toca. El otro escucha y se retira. Esa asimetría es el dato, no la anécdota.

Cuando la palabra y el cuerpo coinciden

Si Vidal hubiera dicho “andá a verme” con los brazos cruzados y sin contacto, el mensaje sería distante. Si Grasso hubiera sostenido el abrazo y contestado “esta semana estoy”, el pacto quedaba anunciado. No ocurrió ni una cosa ni la otra.

Hubo congruencia en Vidal (gesto de control + frase de citación) y ambigüedad calculada en Grasso (contacto mínimo + silencio sobre la invitación). La comunicación política vive de esa zona gris. El público, en cambio, lee el clip en clave binaria: ¿se arreglaron o no?

La respuesta científica es más seca. Se exhibió una jerarquía. No se selló una tregua.

Qué no cierra la foto

Compartir palco, entregar una placa y sacarse la postal no reconstruye dos años de desencuentro. La foto no cierra la pelea. La pone otra vez en el centro.

Si la semana que viene hay reunión anunciada, agenda y un peso que entre a Río Gallegos, el “no muerdo” empieza a ser política. Si no hay mesa, no hay fondos y Grasso sigue denunciando abandono, San Julián queda como lo que tantas veces fue en esta provincia: un abrazo para la cámara y la misma guerra atrás.

En comunicación, el gesto inaugura. No concluye. La nuca, en política, no se olvida. Se cobra. O se paga.

— Facundo Paredes, Comunicador

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