Santa Cruz Escuchar artículo

LUCIA, ALTA DEL GARRAHAN Y REHÉN DE LA CAJA

El Garrahan dio de alta a Lucía por mejoría respiratoria. La Caja no cubre internación domiciliaria, niega el traslado y presiona volver a Río Gallegos.

LUCIA, ALTA DEL GARRAHAN Y REHÉN DE LA CAJA

El Garrahan dio de alta a Lucía por mejoría respiratoria. La Caja no cubre internación domiciliaria, niega el traslado y presiona volver a Río Gallegos.

El alta existe. La cobertura, no

Lucía recibió el alta médica del Hospital Garrahan. El equipo de Terapia Intensiva y el resto del personal que la sostuvo durante la internación firmaron una decisión clínica: respiratoriamente está recuperada. Dejarla en el hospital sin necesidad ya no es cuidado: es riesgo. Hay circulación de cuadros respiratorios, hay falta de camas y hay una paciente que, según el propio nosocomio, es candidata al alta.

Eso es lo que dice la medicina. Lo que responde la Caja de Servicios Sociales de Santa Cruz, según la familia, es otra cosa: que no hay internación domiciliaria. Y que, como no hay internación domiciliaria, Lucía debería quedarse donde está o volver a Río Gallegos.

Ahí empieza el problema político. El alta la da el Garrahan. La prestación la debe cubrir la Caja. Confundir las dos funciones es usar el propio incumplimiento como excusa.


 

Un mes de reclamo y ninguna red armada

La familia sostiene que durante la internación hubo un mes de reclamos para que la obra social armara el dispositivo de internación domiciliaria. No lo hicieron. No buscaron equipo. No cerraron prestador. No resolvieron el traslado.

Cuando el hospital envió el alta para que la Caja mandara la ambulancia al domicilio, la respuesta —siempre según el relato familiar— fue administrativa y cruel: si no hay ID, que se quede internada. Es decir, Lucía pasaría de paciente a rehén del trámite.

La familia lo resume sin eufemismos: no es que no tengan ambulancia; es que quieren retenerla en el hospital mientras se dignan a conseguir lo que debieron tener listo a principios de agosto.


 

Gallegos no es una decisión médica. Es una presión

La Caja, de acuerdo con la madre, pretende obligar el regreso a Río Gallegos. Esa no es una indicación clínica. Es una decisión de cobertura disfrazada de criterio sanitario.

Sofia necesita seguimiento continuo: cuidados paliativos, control de síntomas, pediatra y, más adelante, un hospital de día donde la vean los especialistas juntos. Eso no existe en Río Gallegos, ni está cerca de existir. El lunes ya tiene turno de control. Sacarla ahora del circuito que la estabilizó no es “volver a casa”: es cortar el tratamiento.

La familia lo dice con lógica de territorio, no de discurso: si no hay internación domiciliaria acá, menos la va a haber allá. Y agregan un dato que la Caja no puede eludir: profesionales hay. Lo que falta es voluntad de contratarlos y pagarlos.


 

El antecedente que la Caja no puede borrar

Este no es el primer round. La familia denuncia que Lucía ya tuvo problemas en una internación domiciliaria anterior, con un esquema que no sostuvo el cuadro. El desenlace fue el peor posible para una niña: volvió al Garrahan con respirador.

Por eso hoy no aceptan cualquier firma, cualquier prestador ni cualquier traslado improvisado. No piden un favor. Piden la prestación que corresponde a una afiliada grave, con alta hospitalaria y con indicación de continuidad.

La Caja puede discutir costos, prestadores y jurisdicción. Lo que no puede hacer es abandonar de nuevo y, encima, pretender pasar por arriba de una institución que suele terminar resolviendo lo que las obras sociales desfinancian o demoran.


 

Quién decide y quién paga

Desde julio de 2026 la Caja está bajo la presidencia de Gustavo Zapatero. La familia habla de dilación en la cima del organismo y de una subestimación abierta del cuadro. El punto institucional es simple: cubrir prestaciones no es una atribución discrecional. Es la razón de ser de la obra social.

El Garrahan no “abandona” a Lucía: le da el alta porque ya no debe ocupar una cama de terapia. La Caja, si el relato se sostiene, sí la deja a medio camino: sin ID, sin traslado y con la amenaza de un regreso que el equipo tratante no indica.


 

Cómo venía la cosa

Lucía estuvo muy grave. Llegó al Garrahan después de un fracaso de la internación domiciliaria previa. Durante la última internación la familia reclamó, una y otra vez, que la Caja armara el dispositivo en domicilio. Pasó un mes. El hospital la recuperó en lo respiratorio y firmó el alta por criterio médico y por saturación del sistema. La Caja respondió que no hay internación domiciliaria y usó esa falta —la suya— para frenar el egreso o empujar el retorno a Río Gallegos. Hoy Lucía está de alta, sin traslado cubierto y sin equipo en casa. El seguimiento del lunes en Buenos Aires sigue en pie. La cobertura, no.

Comentarios
Volver arriba