
CSS deja sin inmunosupresores a trasplantada bipulmonar
Nadia Cid, primera trasplantada bipulmonar de Santa Cruz, no recibe inmunosupresores desde julio. La CSS no responde y su vida vuelve a estar en riesgo.
Siete años después del quirófano, otra vez el mismo miedo
Valeria Nadia Macarena Cid tiene 32 años y vive en Río Gallegos. El 3 de diciembre de 2019 recibió un trasplante bipulmonar en la Fundación Favaloro. Antes de esa fecha era una joven de 25 años con hipertensión pulmonar idiopática, internada en Buenos Aires, en emergencia nacional, esperando un donante. Su caso se volvió viral con el hashtag #EmergenciaNacional. El padre, Adolfo “Fito” Cid, salió a los medios a explicar que las primeras 72 horas serían críticas.
El operativo empezó a las 14. A las 23.30 entró al quirófano. A las 4.30 salió. Días después le sacaron el respirador. El 18 de diciembre recibió el alta ambulatoria. “Comienza una nueva vida para mí”, escribió entonces. Había nacido de nuevo.
Esa nueva vida depende, desde entonces, de tres fármacos que no se pueden interrumpir: Tacrolimus 1 mg, Tacrolimus 0,5 mg y Micofenolato sódico 360 mg (Myfortic). Son inmunosupresores de alto costo. Sin ellos, el organismo puede rechazar los pulmones que le donaron.
Hoy, casi siete años después, Nadia volvió a estar en riesgo. No por una recaída clínica. Por un circuito administrativo que no entrega la medicación.
El reclamo que no encuentra respuesta
Desde el 15 de julio de 2026 envió las recetas al canal oficial de CSS Farmacia Autorización. El 22 y el 23 insistió. El 28 de julio y el 3 de agosto preguntó si los fármacos habían llegado a la farmacia indicada. La respuesta institucional se repitió: droguería Visna, Autofarma de 25 de Mayo. Esa sucursal —Autofarma Santa Cruz, 25 de Mayo 536— forma parte de una cadena que cerró en agosto y dejó sin trabajo a cientos de familias en la Patagonia.
Nadia se acercó personalmente. Le dijeron lo mismo. La farmacia ya no estaba. El circuito no se rearmó.
El 18 de agosto volvió a mandar las recetas de julio y de agosto. El 21 de agosto presentó una nota formal dirigida al presidente de la Caja de Servicios Sociales, Gustavo Zapatero, con sello de entrada del mismo día. En el escrito dejó constancia de que no le entregaron la medicación de julio “pese a haber cumplido con los trámites administrativos correspondientes en tiempo y forma” y que, a esa fecha, tampoco había obtenido respuesta sobre la autorización de agosto.
Hasta el cierre de esta nota, no hay entrega.
No es un caso aislado
En enero de 2026, pacientes trasplantados y oncológicos se autoconvocaron frente a la CSS por la misma demora en inmunosupresores. Fito Cid —padre de Nadia y referente de enfermedades poco frecuentes— pidió entonces “resolverlo urgente” y volvió a plantear la necesidad de un banco de medicamentos básicos para trasplantados. Hubo reunión con autoridades. El problema se atenuó. Volvió.
Zapatero asumió la presidencia de la CSS el 20 de julio, exactamente en la ventana en la que el reclamo de Nadia empezó a quedar sin respuesta. Llegó con el discurso de “mejores prestaciones” para 127 mil afiliados y de profundizar el ordenamiento de la obra social. El caso de una trasplantada bipulmonar sin Tacrolimus ni Myfortic es la prueba concreta de si esa promesa llega al mostrador.
La CSS sostiene, en documentos oficiales, que cubre al 100% los medicamentos de alto costo de más de 2.000 afiliados y que las compras se canalizan por droguerías, no por el circuito habitual de farmacias. El problema no es el vademécum. Es que el fármaco no aparece.
Lo que está en juego
Nadia no pide un favor. Pide el tratamiento que la obra social provincial está obligada a garantizar. Lo dice con una frase que resume siete años: le costó tanto llegar a estar bien que no acepta perderlo por una entrega que no se concreta.
La foto de 2019 la muestra en cama, con oxígeno y vías. La de ahora, de pie, con anteojos, reconstruida. Entre una y otra hay un quirófano, un donante, una familia que esperó 72 horas críticas y un régimen de medicación de por vida. Si ese régimen se corta, el rechazo no es una metáfora. Es un diagnóstico.
La nota está presentada. Los chats están documentados. Las recetas están enviadas. Falta la única respuesta que importa: que los inmunosupresores lleguen a sus manos antes de que el organismo decida lo que la burocracia no resolvió.