
RECOLECCIÓN EN NEGRO, MIEDO Y SIN PROTECCIÓN
ASURA fue a mediar el conflicto de recolectores en Pico Truncado; el Municipio no los recibió y les pidió una nota para audiencia.
El camión compactador sigue siendo, para el vecino de Pico Truncado, la medida del orden. Si pasa, la ciudad funciona. Si no pasa, estalla el reclamo. Detrás de esa puerta de metal hay otra historia: jornadas 6x1 comunicadas por mensaje, coleros expuestos a mordeduras y agujas, sueldos que no alcanzan y un gremio del reciclado que hoy fue a pedir una mesa y se encontró con todas las puertas cerradas.
El descargo es anónimo. El miedo a represalias, no.
El mensaje que reabrió el conflicto
En las últimas horas circuló un texto atribuido a trabajadores de recolección de residuos de Pico Truncado. Relatan que se enteraron “a través de un simple mensaje de texto y sin ninguna reunión o acuerdo previo” de que volverán al esquema 6x1: seis días corridos, un franco, sin descanso ni feriados.
No es un detalle administrativo. Según esa versión, antes se había acordado trabajar día por medio por el alto índice de lesiones entre los “coleros”, los que corren detrás del camión. El oficio, descrito sin eufemismos, incluye mordeduras de perros, cortes con vidrios y pinchazos con agujas, además de frío y lluvia sin indumentaria reglamentaria ni el equipamiento necesario.
La sobrecarga completa el cuadro. En una jornada 6x1, dicen, no solo juntan basura domiciliaria: también residuos diferenciados, tierra, heces y animales muertos. Ese sobreesfuerzo “destruye los camiones —que ya están en condiciones lamentables— y destruye el cuerpo de los trabajadores”.
Sueldo congelado y doble empleo para llegar a fin de mes
El apartado económico del descargo es tan seco como el clima de la cuenca. Declaran un salario de un millón de pesos y un ítem de producción congelado en 60 mil pesos desde hace más de dos años. La mayoría, afirman, sostiene hasta dos trabajos extra. Si permanecen en el servicio, es “por la necesidad y la compatibilidad horaria”.
No piden, subrayan, “dinero regalado”. Piden condiciones dignas, descanso justo y herramientas adecuadas. El contraste con el reclamo vecinal queda escrito en una sola frase: al vecino le importa que se junte la basura de su puerta; a ellos, cumplir esa tarea sin poner en riesgo la salud ni la dignidad.
Nombres propios y la denuncia de autoritarismo
El texto apunta al intendente Pablo Anabalón y a dos funcionarios de su entorno: Marcos Barría, secretario de Medio Ambiente, y David Flores. Los acusan de actuar “de manera autoritaria e imponente”, de imponer castigos y amenazas ante el primer reclamo y de priorizar la imagen política “a costa de nuestro lomo”.
Dicen haber solicitado reuniones repetidas con el jefe comunal para mejorar el servicio y las condiciones. La respuesta, según esa versión, no llegó. El descargo se publica en forma anónima por el temor real a sufrir represalias o perder el puesto. Esa no es una cláusula de estilo: es el dato político más duro del expediente.
ASURA se presentó y le cerraron la puerta
Hoy el conflicto dejó de ser solo un posteo. Un integrante de la dirección de la Asociación Sindical Única de Recicladores Argentinos (ASURA) se hizo presente en Pico Truncado para intentar destrabar la situación. El gremio, con inscripción desde 2022 y conducido a nivel nacional por Fabián Framarín, nuclea a trabajadores del reciclado, incluidos recicladores urbanos que históricamente operaron en la informalidad.
La mediación no ocurrió. Ni el intendente Anabalón ni el secretario de Medio Ambiente recibieron al dirigente. La consigna institucional habría sido la de manual: presentar una nota y pedir audiencia. En un conflicto de higiene urbana, salubridad y posibles irregularidades laborales, la burocracia funcionó como candado.
ASURA no logró sentar a las partes. Eso no licúa el reclamo: lo deja a la intemperie.
Lo que se vio en el sector
Tras el portazo, el mismo dirigente recorrió el sector. Lo observado en el lugar —aún sujeto a contrastación documental— apunta a un escenario más grave que un malhumor de cuadrilla: trabajadores que parecerían estar en negro, sin elementos de protección personal y expuestos a agentes patógenos mientras separan residuos.
Si esa foto se sostiene, el caso deja de ser una disputa por el franco. Pasa a ser un problema de informalidad en una actividad de alto riesgo sanitario. Recolección y reciclado informal se superponen en la misma geografía: el camión, la cinta invisible de la separación y un cuerpo que trabaja sin casco, sin guante y sin red.
De confirmarse trabajo no registrado en una tarea que implica contacto con residuos, heces, animales muertos y materiales cortantes, el Municipio no enfrentaría solo un costo político. Podría enfrentar infracciones laborales y de higiene y seguridad y, acreditada la relación de dependencia encubierta, denuncias administrativas y penales. Hoy eso se escribe en potencial. El recorrido en el terreno, sin embargo, indica que la situación no parece un invento de redes.
Un conflicto que ya había salido a la calle
El malestar no nació esta semana. En diciembre de 2025, recolectores de Pico Truncado protestaron frente a la Secretaría de Medio Ambiente por salarios bajos, desgaste físico, pocos francos y un trato que describieron como “pesado”. Entonces también hablaron de amenazas —el secretario era otro, Diego Procopio— y de abandono gremial: decían pagar cuota a ATE y APAP sin recibir acompañamiento. El régimen que denunciaban ya era, en lo sustancial, el 6x1.
Cambio de funcionario. Misma queja. Esa continuidad es el dato que el oficialismo municipal debería explicar antes de hablar de “campaña”.
En marzo de 2026, el propio Municipio llegó a licitar un camión compactador nuevo y tres volcadores, señal de que la flota es un problema reconocido en papeles. El descargo de los trabajadores dice que, en la calle, los equipos siguen en condiciones lamentables. La licitación no barre sola.
El sello cambió; el método, no tanto
Anabalón gobierna Pico Truncado desde diciembre de 2023 por el lema Por Santa Cruz, alineado con el gobernador Claudio Vidal y el espacio provincial SER. Llegó como parte del recambio que desplazó al peronismo que administró Santa Cruz durante más de tres décadas. En obra pública, el discurso oficial exhibe colectores, gas y fondos UNIRSE. En recolección, el reclamo de base —condiciones, diálogo, miedo— se parece demasiado al de siempre.
Cambió el sello. No necesariamente el método.
El Municipio, al cierre de esta nota, no emitió un descargo oficial sobre el 6x1, el estado de los camiones, las condiciones de higiene y seguridad ni la negativa a recibir a ASURA.
Lo que queda abierto
Quedan tres preguntas, y ninguna se responde con un contenedor bien puesto en la vereda.
La primera: si el esquema 6x1 se impuso por mensaje y sin acuerdo, quién responde por la salud de los coleros.
La segunda: si en el sector Eli hay trabajo en negro y sin EPP, qué fiscalización existe sobre una actividad que mueve patógenos todos los días.
La tercera: por qué un gremio que fue a pedir una mesa se encontró con la misma frase que ya conocen los que no tienen poder: deje una nota.
Mientras tanto, el vecino seguirá midiendo el conflicto por una sola variable: si el camión pasa o no pasa. Del otro lado del compactador, quienes lo empujan piden otra cosa: que no les cueste la salud ni el puesto levantar la voz.